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Mostrando las entradas con la etiqueta La conquista de América

Una historia al revés (por Betita Carpi)

Cristóbal nació en Génova y en 1992 pudo ver los festejos de los 500 años de la colonización europea cuando viajó a Barcelona. El Inca en una estatua grandilocuente elevaba su mano derecha señalando el mar Mediterráneo. Cristóbal odió el aniversario de la opresión de los incas. Miró las imágenes de la Pacha Mama en los altares. Se acercó al puerto, se sentó a mirar hacia el oriente y puso en el agua un barquito de papel. publicado originalmente en http://carpielizabeth.blogspot.com/2010/10/una-historia-al-reves.html

Los indios de Colón (por Sebastián "El Zaiper" Barrasa)

En los tiempos de mi escuela primaria, el doce de octubre era una fiesta. Todo el mes de octubre era el mes de la raza y de Colón. En la clase de plástica dibujábamos tres hermosas Carabelas que traían a los europeos al nuevo mundo. Los indios estaban en la costa, semidesnudos y con las manos llenas de regalos.   A mi me salía decir calaveras, como la de las banderas de los piratas. Qué paradoja. En actividades prácticas armábamos los disfraces que íbamos a usar en el acto del día de la raza. Lo que me acuerdo de aquellos tiempos es que Colón había inventado América, y que la reina católica le había prestado el dinero para su tan gloriosa gesta, luego de un curioso incidente entre Colón y un huevo. Recuerdo también que una maestra nos hizo leer un texto que terminaba diciendo "Se llevaron todo pero nos dejaron las palabras". Y yo me preguntaba como carajo se comunicaban los indios antes de ser descubiertos. Indios que, por cierto, no eran indios, porque no vivían en la Ind...

Definiciones (por Diana Harispe)

Conquistar. Ganar mediante las armas. Habrá algo más grotesco que un ser humano haciendo alarde de su triunfo con un arma en la mano. Más patético. Mas degradante de su condición. Más factible de empequeñecerlo.   Conquistar. Adueñarse. Tomar posesión doblegando al otro. Mostrar sin pudores la incapacidad de elevarse. Doblegarse ante la posibilidad de ser algo más que un montículo absurdo de egoísmo y crueldad. Perder, en el más aplastante sentido de la palabra. Perder hasta la esencia de hombre. Hasta llegar a ser algo que no tiene nombre, por respeto a las bestias que habitan su dignidad en este planeta. Habrá que buscarles un nombre. Será que no se lo hemos encontrado porque no hay combinación posible de letras capaces de nominar tanto horror e ignominia. O a lo mejor para no terminar de aceptar que están, que se siguen pavoneando en esta época y en esta tierra. Aunque hablemos de los años de la conquista como si fuera el pasado.   Conquistar. Enamorar a alguien. Resp...

Abya Yala (por Carmen Manchini)

Ella lo sabía desde el inicio de los tiempos los presagios anunciaron la llegada aún así se estremeció era el comienzo no pidieron permiso pisaron sin entregar ofrendas pueblos hermanos se enfrentaron se traicionaron divididos fueron esclavizados con espadas y armaduras de metal las fiebres los diezmaron Ella lo sabía venían a socavar sus senos de oro y plata vomitó lava lloró huracanes se convulsionó en terremotos pero llegaron muchos más extendiéndose sobre una mancha de sangre arrasando culturas milenarias imponiendo salvación por la fuerza y la muerte el cóndor extiende sus alas sobre la médula del continente en las murallas de piedra reverbera el llanto de la quena los pueblos originarios aún luchan por la recuperación de la identidad arrebatada aunque para muchos Abya Yala ni siquiera es un recuerdo. publicado originalmente en http://azabachemcm.blogspot.com/2010/10/abya-yala.html

Once de octubre: El último día (por Sebastián Olaso)

Anochecía en Guanahani. Se terminaba un día que otros llamaban once de octubre. El peligro no se percibía. Nadie sabía que las carabelas estaban llegando. Que un imperio, que una cruz, que una masacre. Que cien masacres sucesivas, superpuestas, paralelas, transversales, infinitas. Que un idioma magnífico y profundo serviría para matar, para hablar de las matanzas, para despojar, para llorar sobre las ruinas y los muertos. Para confundir, para defender lo indefendible. Y la medianoche llegó, y llegó la mañana. No hubo ningún dios que rompiera los relojes. No hubo ningún huracán, ningún contraviento, ningún naufragio en altamar. El naufragio se dio en tierra firme. La invitación a la batalla, extrañamente, fue el grito de Tierra. A Guanahani, la isla que atacaron, la llamaron San Salvador. Quizás los navegantes no entendieron la ironía. El sarcasmo. El sadismo. Quizás se limitaron a vaciar toda la riqueza. Se limitaron a todo lo mezquino. San Salvador es la lanza en el pecho de Guana...

La malinche (por Mario Farber)

Los vimos descender de los barcos. Eran centauros con rostros pálidos y barbados. Un metal duro y plateado les acorazaba los torsos. Sus lanzas despedían fuego. Quemaron sus propias naves. Eran los dioses de la Profecía. Venían a reclamar las tierras de Moctezuma. Hernán Cortéz guiaba las ambiciones de esos dioses. A él le regalamos veinte esclavas, que distribuyó entre sus capitanes dioses. Se sorprendió al oír que una hablaba dos lenguas: la maya y la azteca. La llevó a su tienda. Mientras retozaban por las noches, le enseñó su lengua. Tuvieron un hijo al que llamaron Martín. Malinche se enamoró de Cortéz, y ese amor le duró toda la vida. Los dos se volvieron inseparables. Ella acompañó a Cortéz en todas las campañas. Le indicó por donde tenía que subir a nuestra capital. Malinche trajo a nuestras tierras el oficio de traductor. Qué hacía con un oficio como ese? Traducía a la lengua de su amo los mensajes que le mandábamos. Ella nos respondía por él en nuestro idioma. Malinch...

En el nombre... (por GothicSue)

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El cielo no estaba más claro ni más oscuro que otros días; ninguna luz lo iluminaba, como un designio sobrenatural. Como en tantas otras ocasiones el sol se había ocultado tras una espesa neblina, y sus rayos lograban atravesar ese techo opaco. Había posibilidades de lluvia y granizo, pero nada llegó a mitigar el paisaje. Las tinieblas no eran profundas en la zona, y el cielo, todavía, mostraba una débil claridad. En suma un día como tantos otros, ni triste ni alegre, ni claro ni oscuro, ni sorprendente, ni ordinario por completo. Pero tanta ausencia de presagio, fuera acaso, el mismísimo presagio. No lo sabremos. Sin embargo, ése día su humanidad se dividió. Los relojes, los escribas, las clepsidras, las sombras, las lluvias, los ritmos dieron un giro y decidieron un nuevo tiempo.   Su mirada se vació de la llama que encendía cuando daba su prédica, sus buenas palabras y sus profecías. Su voz se ahogó y dejó de anunciar el advenimiento del nuevo mundo. Su partida fue ...

Tengo el corazón mestizo (por Daniel Uriza)

Voces me pueblan Son un sueño libertario Y de las raíces profundas Exprimida de la piedra Ha florecido un cactus Ha cuajado en el humero los vientos Y todavía siento una agonía de grandeza Una melancolía sin frontera El genocidio Un Potosí sangrando oro Una África en las plantaciones Enclavada Y mi sangre inmigrante Canto de sudor y arado Y los que se dicen originarios Una cultura tan mezclada Y los imperios de siempre Sepultándonos Y algo no comprendo se me escapa late en mi pecho dividido Y en esa dimensión humana Un manto de piedad Me dice Sentémonos callados en la playa o en la altura juntos A contemplar el mismo ocaso publicado originalmente en http://buscandomipropiavoz.blogspot.com/2009/10/tengo-el-corazon-mestizo.html

11 de Octubre (por Ivan Ramirez Orcajo)

Y los hombres se invistieron de humanos, hicieron dos rayas y descubrieron el símbolo. Representaron todo el entorno y casi sin sentirlo, la naturaleza comenzó a transformarse. Perdió sus cuevas, el curso de los ríos, los árboles, la forma de sus cumbres y el color de sus nubes. Dos mil quinientas guerras han sido escritas con sangre de millones de caucásicos, amarillos y negros, sólo para conquistarla. Redistribución de bienes que pasaron de mano en mano, de cultura en cultura. ¿Eso es parte de la naturaleza humana? ¿En tal caso, la ética, la actitud revolucionaria y la libertad no lo son? La libertad es la concentración de riqueza de unas minorías. La libertad entonces, es abrir una puerta y encontrar miles hasta llegar a la última con un cielo prometido. Porque sin cielo no hay paraíso, sin agua no hay carabelas, sin Rodrigo de Triana no hay grito de tierra, sin guerra no hay botín, sin América no hay conquista, sin conquista no hay historia y sin ésta no existimos. Pero hubo la tra...

Otra campana (por Keiko)

al amor El encuentro los hace resonar pasa una tropilla de caballos blancos corren flechas aletean manos una bandada de pájaros golpea el corazón vientos relámpagos soles contracciones dilataciones parto de siglos el cielo se desarma en mil campánulas no resiste al eco de las voces al peso de los pasos al latido de la sangre. publicado originalmente en http://olvidosmomentaneos.blogspot.com/2009/10/otra-campana.html

Tres carabelas y un Octubre de sombras blancas (por Nico Barrasa)

Las sombras no siempre fueron oscuras. En el pasado las hubo blancas; blancas y poderosas como la corteza del sol, como la energía irascible del mar, como el libre albedrío del viento. Tamaño poder creían detentar que arrasaron continentes desconocidos, privando a sus seres de color. Extirparon el rubor de sus sonrisas, los tintes de su tradición, la fuerza de sus cultos, la madre tierra donde residían y el claro de sus constelaciones. Tamaño poder creían detentar que inventaron el color de la sangre, y fue rojo; inventaron el color de la dominación, y fue blanco a su imagen y semejanza; inventaron el color de la ambición, y fue dorado; inventaron el color de la esclavitud, y fue de varios colores.  Con más de quinientos años, ésas sombras han envejecido, dando lugar a otras sombras, a otros continentes, a otros abismos, y sin embargo, no han podido imaginarse nunca el color de la paz y la felicidad. Quizá, para esas sombras blancas, algunos colores no existan. publicado originalm...

11 de octubre de 1492: Taki Ongoy (por Víctor Heredia)

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Hubo un tiempo en el que todo era bueno. Un tiempo feliz en el que nuestros dioses velaban por nosotros. No había enfermedad entonces, no había pecado entonces, no había dolores de huesos, no había fiebres, no había viruela, no había ardor de pecho, no había enflaquecimiento. Sanos vivíamos. Nuestros cuerpos estaban entonces rectamente erguidos. Pero ese tiempo acabó, desde que ellos llegaron con su odio pestilente y su nuevo dios y sus horrorosos perros cazadores, sus sanguinarios perros de guerra de ojos extrañamente amarillos, sus perros asesinos. Bajaron de sus barcos de hierro: sus cuerpos envueltos por todas partes y sus caras blancas y el cabello amarillo y la ambición y el engaño y la traición y nuestro dolor de siglos reflejado en sus ojos inquietos nada quedó en pie, todo lo arrasaron, lo quemaron, lo aplastaron, lo torturaron, lo mataron. Cincuenta y seis millones de hermanos indios esperan desde su oscura muerte, desde su espantoso genocidio, que la pequeña luz que aún arde...

Exposición del Cacique Guaicaipuro Cuatémoc ante la reunión de Jefes de Estado de la Comunidad Europea (por Luis Britto García)

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Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuatémoc he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que la encontraron hace sólo quinientos años. Aquí pues, nos encontramos todos. Sabemos lo que somos, y es bastante. Nunca tendremos otra cosa. El hermano aduanero europeo me pide papel escrito con visa para poder descubrir a los que me descubrieron. El hermano usurero europeo me pide pago de una deuda contraída por Judas, a quien nunca autoricé a venderme. El hermano leguleyo europeo me explica que toda deuda se paga con intereses, aunque sea vendiendo seres humanos y países enteros sin pedirles consentimiento. Nosotros los vamos descubriendo. También nosotros podemos reclamar pagos e intereses. Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millo...