Cuando mis padres lograron comprar su primera casa, el mensaje desde la comandancia general, es decir, mi madre, fue claro: "De ahora en más, no habrá dinero para lujos durante un tiempo bastante largo. Hay que pagar la casa". Hoy no puedo estar más agradecido con ese estilo acre, realista y transparente de manejar las finanzas familiares que tenía mi madre. Aunque fuéramos pequeños, nos informaba cómo y por qué la situación económica de ese año nos afectaba a todos en general y a mí y a mi hermano en particular, y qué decisiones se habían tomado en las altas esferas para capear el temporal o disfrutar de las ganancias. También aprendí, sin sermones, que el dinero es sólo dinero, una parte en una ecuación. La otra es que el dinero no crece en los árboles, ganárselo cuesta bastante esfuerzo, y muchas veces no es el número en el billete lo que consigna su verdadero valor, sino lo que nos costó obtenerlo. [...] De manual Sin embargo, la más importante de las lecciones acerca del...