El autor de la dignidad (por Cristina Espinosa Coppola)
No me resulta fácil aceptar la ausencia de Saramago . Hay personas que no deberían morir nunca. Pero el maestro se ha ido. “El ensayo sobre la ceguera” me abrió las puertas de su mundo. A partir de ahí, ya no pude dejar de leerlo. Me atrapó en la telaraña de su narrativa desgarrada y reflexiva, en la dignidad de sus personajes, en la calidez y la hondura de sus historias. Pero, sobre todo, lo admiré como ser humano. Un ser humano enorme, íntegro y solidario. Un observador crítico y comprometido. Un hombre bello, cercano y familiar. Saramago nunca abandonó su compromiso moral con los más desfavorecidos ni su militancia activa por un mundo mejor. No hace mucho comentó en una entrevista: “Espero morir como he vivido: respetándome a mi mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame”. Sé que seguiré leyendo a Saramago y que sus palabras seguirán conmoviéndome.Pero duele admitir que él ya no estará aquí. Hay...