Día del trabajador
Sonó la sirena. Quizá marque la hora precisa del fin de tu jornada laboral. Hoy te ganaste el pan con el sudor de tu frente, con el agotamiento de tus músculos, con el crujido de tus huesos. Ganaste el pan y miraste a todos con la frente en alto. No sólo miraste a tus hijos. También miraste con la frente en alto a la naturaleza y a la historia. Los historiadores sabrán decirlo mejor, pero pasamos por la caza y la pesca, por el trueque, por el comercio, por la agricultura, por los sistemas feudales y esclavistas y luego llegamos a la revolución industrial. Probablemente a nadie se le había ocurrido que el tiempo de trabajo podía tener un límite. En 1886 los obreros de Chicago se hartaron. Querían ser algo más que los engranajes de una cadena de producción que les daba el pan a cambio de la vida. Tenían que terminar con eso. Ocho horas de sudor tenían que ser suficientes. Decidieron reclamar. Y reclamar fue morir. Pero no murieron en vano. A partir de entonces, la jornada laboral tiene ...