Bicentenario (por Carmen Mancini)
mi corazón echó raíces celestes-blancas que se hunden en la tierra fértil en la quebrada en el llanto de la quena del hermano del norte cabeza baja brazos cansados en la zafra y en la mina lloran las cascadas es roja la tierra que mamó la sangre derramada la savia del oprimido surcan la pampa los fantasmas de pies descalzos ecos de galopes al viento el grito del malón el estruendo de los fusiles más al sur truena el glaciar en los lagos de cristal escoltados por árboles milenarios testigos mudos del arriero en su camino contra el viento helado la cruz del sur bendice con su faro perdido en el confín del mundo doscientos años no alcanzan la promesa inicial aún reposa tras un velo tal vez mañana con las manos unidas tal vez mañana