Etcétera (por Emilio Álvarez; Tijuana, México)

Etcétera es una chica camaleónica. Es la variable hueca que abarca todo lo que el lector ya tiene entendido. Al menos eso es lo que dicen de ella. La realidad muy pocos la conocen: Es cierto que vive marginada, en los suburbios de todas las ciudades de Palabras. Se sabe que es una chica joven, y que se le explota a menudo; que se conforma con que la llamen apenas 'etc' y nunca exige que le escriban su mayúscula. Casi siempre se le ve acompañada de dos o tres novatas que, generación tras generación, siendo idealistas por naturaleza, no desisten a la posibilidad de algún día llegar a ser una Palabra de verdad. Una de esas palabras por las que fluye sentimiento y vida. A las que les sobran sinónimos y las usan con deleite.
Cuando los escritores duermen en este hemisferio, Etcétera descansa y sueña tener identidad. Sueña que es ''aurora'', que es ''angustia'' o ''libélula'' o ''lucidez'', incluso ''ímpetu''. Sueña que es escogida delicada y conscientudamente, y que contribuye en la poética de los sentimientos.

''Pero'', por otro lado, es un prepotente puberto. Día a día la critica por su escasa demanda en el mundo real de las Palabras. Etcétera es idealista, pero no tonta. Invariablemente, le contesta a Pero de la misma manera: ''Tú no tienes mucho de que presumir, Pero. No eres más que una muletilla... una conjunción barata que se repite y cansa. Te usan para arrepentirse y contradecirse los escritores, o bien, para invitar a cualquier excusa. No eres palabra todavía, y también careces de identidad''. A lo que Pero siempre contesta: ''Al menos yo no ando con letrero de vacante, invitando a ser mil identidades al final de una enumeración informal''.
Esa siempre suele ser una verdad irrefutable para Etcétera. No deja de ser hueca; sumisa a la orden y el capricho del escritor. Se ha acostumbrado a conformarse. A existir en la periferia de los enunciados y las listas agotadas sin trascendencia. Acostumbrada a ser la variable que el inconsciente colectivo llena sin esfuerzo; más bien como reflejo... Acostumbrada a aparecer cuando la vitalidad de una oración ya ha culminado. A llegar después de una cadencia muda, y partir enseguida. Etcétera se desvanece, como la que se va de la fiesta temprano y nadie extraña. Nunca ha aportado gran cosa en la novela o en la poesía que enamora. Se sienta en la banca y espera. Ve la cancha enorme de juego: el lienzo en donde los titulares van intercambiando y compartiendo comillas, puntos y aparte y signos de interrogación. También ve a las pedantes conjunciones y a las preposiciones con su típico aire respingado.Observa la camaradería y espera. Espera a que se avecinen las enumeraciones. Espera invisible para todos, y sigue soñando que quizá algún día, quizá en la siguiente página: dejará el final de las listas, para jugar en la cancha de las verdaderas oraciones: de los poemas, de los cuentos, los ensayos y etcétera.



Emilio Álvarez nació en Tijuana, México.
Es músico, bailarín de salsa, cuenta chistes y escritor.
Por uno de esos misteriosos azares del arte se cruzó con cruzagramas y se puso todo naranja.

Hoy tengo el honor de tenerlo como alumno (y tal vez como discípulo) en el Taller de Creatividad literaria de nivel intermedio/avanzado.

Actualmente reside en Buenos Aires, Argentina

Si querés leer más cosas de Emilio visitalo en su blog

"Jhonny la Chingas"