El crimen de J.A.

Julio Araujo era del tipo que cualquiera desearía amar, o en su defecto, ver muerto.

Empresario importante, muy importante. Rico, muy rico. Acostumbrado a las primeras planas del sensacionalismo barato [...]

[...] Caminaba todas las mañanas con su personal trainer, con el sueño de frenar el paso del tiempo. Se hacía chequeos permanentes, sin prórroga, para convencerse que hasta sobre su cuerpo tenía el control. Su corazón, instruido en los negocios y las presiones, acostumbrado de años al frío y las emociones extremas, era fuerte como su puño. Julio Araujo era del tipo que, de tener que morir, iba a hacerlo con estilo.

Y aún así, fue encontrado en su oficina frente a su computadora, caído de bruces sobre el teclado, con la cara en blanco y aplastada contra las teclas. A su lado, un pocillo de café volcado manchaba su camisa de seda.

(extracto del prólogo by Jules)