¿Todo cuento es un cuento chino? (por Gabriel García Marquez)

"Escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir un cuento es vaciar el concreto."

No sé de quién es esa frase certera. La he escuchado y repetido desde hace tanto tiempo sin que nadie la reclame, que a lo mejor termine creyendo que es mía.

Hay otra comparación que es pariente pobre de la anterior: "el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos".
En todo caso esta pregunta del lector ofrece una buena ocasión para dar vueltas una vez más, como siempre, sobre las diferencias de dos géneros literarios distintos y sin embargo confundibles. Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo.
La diferencia es válida entre un cuento y otro, pero no entre cuento y novela.

El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso (reciente premio Ortega y Gasset). Dice así:
"Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí". Nada más.

Hay otro de ¨Las Mil y una Noches¨, cuyo texto no tengo a la mano y que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.
Más que el cuento mismo alucinante por su sencillez, éste me interesa ahora porque plantea otro de los misterios del género: si la que presta el plomo no fuera una mujer sino otro hombre, el cuento perdería su encanto: no existiría. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Un misterio más de un género misterioso por excelencia...¨



Fragmento de un artículo perteneciente a una revista colombiana,
en la que Gabriel García Marquez contesta a las preguntas de los lectores.