Las horas

Muchas veces, al leer el último renglón de un libro descubrimos que “eso” que nos mantuvo prendidos de las hojas era más que interés. Hubo una palabra en el camino que endulzó los labios que leían cerrados.
Si el sabor luego continuó trepando la piel, el libro nos ayudó a pasar un mal momento; respondió aquello que no nos atrevemos a preguntar; o nos dejó con incógnitas agrias. Tal vez.
Cómo una historia o la forma en que se cuenta pueden cambiar alguna parte de nuestras vidas es uno de los hilos en los que podría deshilvanarse la película Las horas (de Stephen Daldry).
Las tres historias contadas en tres épocas distintas representan la gesta de un libro, su lectura y su influencia.
En Las horas, Virginia Woolf (Nicole Kidman) respira sus ansias de libertad (de elección) bajo la vigilancia de su esposo y el verde de su vida de campo recetada. Deseo que gesta a su famoso personaje y novela: Mrs. Dalloway. La concepción de una idea; sus palabras.
Laura Brown (Julianne Moore) será la lectora. Casada, madre de un varón y embarazada, Laura sufre una lucha interna mientras lee cómo Mrs. Dalloway decide comprar flores sin ayuda. Las palabras que cortan, incitan; se leen.
Clarissa Vaughan (Meryl Streep) organiza una fiesta en honor a su amigo poeta mientras mantiene el equilibrio con su pareja. Clarissa organiza; ella decide, ella es sostén. La idea rompió las palabras; se instaló.
O bien es una película sobre la vida de Virginia Woolf.
Tal vez, sobre cómo aprisionan las correcciones sociales respecto del amor, la locura, las emociones. O nada de todo esto: la simple lucha interna con nuestros deseos propios.
Como narración, es interesante el modo en que el enlace parte de un libro. La historia se cuenta mediante palabras que primero, se piensan; después, se leen y por último, se dicen.
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