Juan López y John Ward (de Jorge Luis Borges)

Les tocó en suerte una época extraña.

El planeta había sido parcelado en distintos países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de un pasado sin duda heroico, de derechos, de agravios, de una mitología peculiar, de próceres de bronce, de aniversarios, de demagogos y de símbolos. Esa división, cara a los cartógrafos, auspiciaba las guerras.

López había nacido en la ciudad junto al río inmóvil; Ward, en las afueras de la ciudad por la que caminó Father Brown. Había estudiado castellano para leer el Quijote.

El otro profesaba el amor de Conrad, que le había sido revelado en una aula de la calle Viamonte.

Hubieran sido amigos, pero se vieron una sola vez cara a cara, en unas islas demasiado famosas, y cada uno de los dos fue Caín, y cada uno, Abel.


Los enterraron juntos. La nieve y la corrupción los conocen.

El hecho que refiero pasó en un tiempo que no podemos entender.


Cementerio de Malvinas



de Los Conjurados




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12 comentarios:

  1. Sin palabras, porque es dificil encontrarlas. Aunque se me ocurre una: BRILLANTE
    Bea

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  2. Horacio (taller 1)2 abr. 2009 11:08:00

    Impactante síntesis realizada por un grande.

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  3. Un texto brillante para describir aquello que no podremos comprender jamás.
    La guerra es el peor de los errores de todos los hombres, de todos los tiempos.

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  4. Todavía conservo la página del diario Clarín con este poema de Borges.
    Fue ilustrado por Sabat y es tristemente bello.
    La inutilidad de la existencia a través de la guerra queda aquí tan clara.

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  5. Sebastíán, el zaiper
    Tan adecuado para recordar este día un poema,de los grandes, de un grande.
    Lo tenía traspapelado y ha sido un regalo hoy, triste mas muy bienvenido y agradecido.
    Gracias
    Sonia

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  6. magnani:

    tenés la ilustración de Sabat?

    nos la podrías enviar?

    Dale plissssssssss!

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  7. miguel ferreira2 abr. 2009 15:30:00

    Cronica de la estupidez deberia llamarse esta guerra.-

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  8. Marga Mangione2 abr. 2009 17:26:00

    Para expresar lo que siento al releer ese escrito de Borges, debo decir que me pareció otra vez: MAGNÍFICO, como todo lo de ese maravilloso escritor que fue tan nuestro y tan ajeno a la vez, porque su universalidad.
    Lo había perdido, pero ahora lo copiaré para leérselo a los integrantes de mi Grupo Literario "Almafuerte" en la seguridad que se emocionarán al oírlo.
    Gracias Sebastián.
    Marga Mangione
    Berazategui - Buenos Aires - Argentina

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  9. gustavo j araujo3 abr. 2009 16:11:00

    Leí este poema allá por aquellos días de la guerra, fue mi profesora de Civica de 5º año en la esc Normal Sarmiento de San Juan. No me acuerdo de su nombre, pero ella fue una de las pocas personas cuerdas y valientes que nos hizo ver la delirante lógica de la guerra, de cualquier guerra. Hoy se lo agradezco. Y para aquellos que piensen igual les recomiendo "El crimen de la guerra" de J.B. Alberdi, imperdible.
    P/D por si no lo saben, Father Brown era una personaje de Chesterton
    Gustava Araujo

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  10. Siempre en Abril

    Fue en abril, un otoño enrarecido
    Yo quería ese moderno fusil de veinte tiros a repetición.
    Conocía su interior, su frío metal, sus formas exactas
    ¡Le vacié tantos cargadores de fogueo!
    Cientos de monedas sobre el caño para probar eficiencia
    En el cálculo, en el pulso, en la mirada, en el tiro al blanco perfecto.
    Pero me dieron un Mauser con cinco tiros
    Fue en abril, un país oscuro.
    Aplaudí cien cardos, comí granos con gusanos hervidos
    Desayunos hirvientes de leche mezclada con barro y pan
    Valoré la mordida de una manzana revolcada
    El sonido de una orden conocida
    Supe del valor de la contraseña,
    Tanto como el pinchazo de picana para sostenerla
    Estaqueado por ayudar a un estaqueado
    Encarcelado por el ruido de un papel sobre mi barba
    Insultado por leer “Juan salvador Gaviota”
    Acuartelado para restaurar soberanía
    Asistí a la quema de bibliotecas
    Desalojé a familias a punta de bayoneta
    Me robaron el equipo y robé otro equipo.
    Limpié letrinas y botas con el mismo cepillo
    Si el humo delataba posición, el pucho se apagaba en mi palma
    Siempre perseguido por la sensación del ojo acusante
    Era autómata sin nombre obedeciendo al poder
    A la espera del último comunicado
    Al grito del Cabo, al alarido del Sargento
    Y al tono temido del frustrado Teniente
    Una carne dispuesta para comida de las parcas
    Un sirviente en la contracultura
    Enfundado en tela verde y casco al tono
    Borraron la cinta de mi pasado
    Asumí una felicidad ficticia, acepté la superioridad del hombre
    Me hice cargo de la palabra honor
    Y ya nada fue igual
    Cambió mi realidad, mi estructura social, dejé al ciudadano
    Y con dieciocho años, me convertí en soldado de la Patria.
    El pueblo no escuchó las voces del demócrata
    Y el micrófono del poder, desde sus paredes rosadas, reprodujo las palabras:
    ¡Si quieren venir que vengan, les presentaremos batalla!
    Sólo me di cuenta que no estaba muerto a los años
    Cuando descubrí en el cenotafio de plaza San Martín
    Que mi nombre no estaba en la lista de los caídos
    Desde entonces, cada otoño me busco en infinitos sueños freudianos
    Mezclados entre cardos florecidos, saludo uno, saludo dos, leches chocolatadas,
    Pelos en mi barba, zapatillas de tela verde reciclada, ideas multicolores,
    Salvas de gaviotas surcando escenografías blancas y azules.
    Sólo en abril entendí que no soy un héroe y que estoy vivo.

    Jorge Degui

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  11. Jorge:
    ¡Increible! Me dejo muda. Me parece tan real...
    Bea

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  12. Querido Jorge/Ivan:

    es un texto genial. Es tuyo? Por lo que te conzco, imagino que sí.

    Plis, publicalo también en tu blog.

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