Autoayuda literaria: El broche (por Luiz Gazzola)

Todos sabemos que en un cuento lo fundamental es el broche, llamado también remate. Un buen cuento siempre termina contundente.
Si vamos a un taller literario, como el de Zaiper o el de Titina, y llevamos nuestro texto borrador al que no le encontramos un buen broche, nos van a decir que es una historia interesante, un relato colorido o cualquier otra cosa, pero nunca que es un cuento. Es una situación altamente frustrante, porque el título de “cuento” multiplicaría automáticamente su valor por cien.
Por suerte, y para salvarlos, acá les ofrezco unas soluciones de tipo copy/paste para rematar con elegancia sus historias, ganando la admiración y el respeto de todos (al aplauso no podemos aspirar porque no somos actores).

1) Todo fue un sueño
El texto se nos viene extraño. Al protagonista le sucedieron un montón de vicisitudes, inconexas pero interesantes, y no hay nada que las una para atar el moño final.
Por ejemplo: “Entonces Ramiro, que como ya dijéramos, se había vestido por error de bailarina clásica, entró repentinamente en la cantina del buque pirata ante la mirada sorprendida de setenta marineros de alta mar.”
Esta es la ocasión de usar este simpático recurso: “Los marineros lo rodearon con ojos lujuriosos y de repente empezaron a decir: Ra-mi-ro, Ra-mi-ro.- Ramiro, Ramiro - lo llamó la madre- ¡despertate y vení a sentarte al desayuno!
No había sido más que un mal sueño después de una comida pesada. Dio un suspiro de alivio y retiró las cobijas. Entonces vió en sus pantorrillas las clásicas marcas que dejan las tiras de la zapatillas de media punta, y pensó que tal vez le sería más cómodo desayunar parado.”

2) Suicidio
Tenemos un relato ameno, donde suceden alternativas que llevan al lector a interesarse por la historia. Pero la trama no da para más y hay que terminarla de alguna forma. El protagonista hizo tantas macanas que un final felíz no sería justo.
Un caso podría ser este: “-A quién recurrir- pensó Oscar. –A mi hermana, que obligué a prostituirse, no. A mi madre, que envié a un asilo para vender la casa, no. A mi mejor amigo, que le cepillé a la mujer, menos. Estoy solo.”
Aquí el suicidio viene a poner justicia y un limpio final a la historia. “-No haré más mal a nadie- se dijo. –Voy a suicidarme, lo tengo decidido, así nadie padecerá por mi culpa. Entonces lanzó su 4x4 a toda velocidad por la autopista y se mató, chocando violentamente contra un micro escolar que venía de una excursión al zoo.”

3) Es un Trava
Existe una situación muy habitual: le hemos descripto al lector dos personajes que van desarrollando un romance. La historia quedó atractiva pero no queremos terminarla como una novela rosa y tampoco tenemos motivos para separar a los protagonistas.Una situación podría ser esta: “Rodrigo estaba felíz. Todos los días de ese mes se habían encontrado con Carla en la oscuridad del zaguán, llevando la tensión erótica al máximo. Hoy se verían solos en la comodidad de su casa”.
Aquí el recurso de la travestie, nos dá el broche esperado: “Decidió usar de entrada su mejor recurso: la lengua. En la oscuridad de la habitación le arrancó la ropa interior y aproximó su cabeza, sin escuchar lo que Carla trataba de decirle en forma desesperada. Lo que saltó a la vista, literalmente, no era lo que él esperaba.
El compromiso se rompió. Rodrigo nunca le perdonó a Carla por ocultárselo. Cada tanto se ven para repetir lo de esa noche que, aseguran, estuvo bomba.”

Pueden encontrar más consejos (y otras viscisitudes) de Luis en su blog: Me quedé sin palabras

Luis Gazzola me dijo alguna vez: "Tal vez toda mi vida fui escritor, pero recién ahora me di cuenta. Tenía que ir a la universidad, casarme, tener hijos, casa y una ocupación rentable. Ahora que todas esas cosas perdieron su condición de desafío, el deseo de escribir me irrumpe sin excusas."
Hoy tiene 51 años, una casa en Claypole, dos hijas hermosas (sic) y un Falcon recién chocado (no es verde!).
Trabaja como editor de revistas y es aficionado a la fotografía.
Estudió astronomía y algunas otras cosas raras, como el taller de creatividad literaria.
Se sumó a cruzagramas en el 2006.

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