Tres carabelas y un Octubre de sombras blancas (por Nico Barrasa)

Las sombras no siempre fueron oscuras. En el pasado las hubo blancas; blancas y poderosas como la corteza del sol, como la energía irascible del mar, como el libre albedrío del viento. Tamaño poder creían detentar que arrasaron continentes desconocidos, privando a sus seres de color. Extirparon el rubor de sus sonrisas, los tintes de su tradición, la fuerza de sus cultos, la madre tierra donde residían y el claro de sus constelaciones. Tamaño poder creían detentar que inventaron el color de la sangre, y fue rojo; inventaron el color de la dominación, y fue blanco a su imagen y semejanza; inventaron el color de la ambición, y fue dorado; inventaron el color de la esclavitud, y fue de varios colores. 
Con más de quinientos años, ésas sombras han envejecido, dando lugar a otras sombras, a otros continentes, a otros abismos, y sin embargo, no han podido imaginarse nunca el color de la paz y la felicidad. Quizá, para esas sombras blancas, algunos colores no existan.

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