El autor de la dignidad (por Cristina Espinosa Coppola)

No me resulta fácil aceptar la ausencia de Saramago. Hay personas que no deberían morir nunca. Pero el maestro se ha ido.
“El ensayo sobre la ceguera” me abrió las puertas de su mundo. A partir de ahí, ya no pude dejar de leerlo. Me atrapó en la telaraña de su narrativa desgarrada y reflexiva, en la dignidad de sus personajes, en la calidez y la hondura de sus historias. Pero, sobre todo, lo admiré como ser humano. Un ser humano enorme, íntegro y solidario. Un observador crítico y comprometido. Un hombre bello, cercano y familiar.
Saramago nunca abandonó su compromiso moral con los más desfavorecidos ni su militancia activa por un mundo mejor.
No hace mucho comentó en una entrevista: “Espero morir como he vivido: respetándome a mi mismo como condición para respetar a los demás y sin perder la idea de que el mundo debe ser otro y no esta cosa infame”.
Sé que seguiré leyendo a Saramago y que sus palabras seguirán conmoviéndome.Pero duele admitir que él ya no estará aquí.
Hay personas que no deberían morir nunca.

Cristina Espinosa Coppola
Altea, España

Comentarios

Bea dijo…
Muy lindo homenaje, Cristina.
Lo decís todo. ¡Me encantó el título!

Un abrazo
Anónimo dijo…
Hermosos los términos de tu homenaje a Saramago. Pero yo creo (y si esto te sirve de consuelo) que los escritores de su estirpe, lo mismo que los poetas, no mueren nunca. Sobreviven en sus textos, que los sobrevivirán por muchos, muchísimos años. Por suerte para la humanidad.
Celina Vautier
Anónimo dijo…
Se nos fue el viejo. Esa pasión por compartir su punto de vista y esa forma de preguntarse porqué, trasladando su porqué a nosotros, sin esperar respuesta. Usando la coma como una palmada en la espalda. Como esa pausa de, que se le va a hacer.

La muerte le declaro amor eterno cuando él se disfrazó de violinista.

Feliz vuelo.
Horacio dijo…
Gracias Cristi, por tu prosa, por tu pluma... de ave libre.