Capitulo doce de la Inutilidad de las horas (texto de Marian "Gala" de Marco)

Natalia se sentó en el bar de siempre y pidió un cortado. Terminó de leer un libro que le habían prestado y cuando miró el reloj, - convencionalmente redondo, a una altura conveniente a la visibilidad desde todos los ángulos y todas las mesas - habían pasado tres horas.
Pidió otro café, desde siempre tuvo la impresión o paranoia de que no era lícito sentarse a la mesa de ningún bar por tantas horas y sin pagar por ese derecho. El camarero le dijo que iba a empezar a cobrarle alquiler y agregó, con una mueca parecida a una risita, que por supuesto era una broma y Natalia se rió histérica (porque las bromas nos existen).
Luego de dar el portazo en la casa de Bernardo, caminó hasta su casa, deteniéndose como de costumbre en cuanta librería encontró por su camino, y dos horas mas tarde metió las llaves en la cerradura del tercero diecinueve, para darse de frente con una bonita peripecia:
A) La puerta no abría,
B) La llave ni siquiera entraba en la cerradura,
C) Esta vez no se había equivocado ni de piso ni de puerta y, efectivamente, todo seguía igual que cuando lo había dejado,
D) Salvo la cerradura.

Tocó el timbre impaciente, nadie contestó. La vecina del diecisiete asomó su cabecita de tinte rojo por el levísimo espacio entre la pared y la puerta entreabierta; llamó a Natalia. Le comunicó que tenía en el living un bolso con su ropa, además de una nota del propietario, dirigida a su nombre. De que el mundo es injusto ya se había enterado hace tiempo…, leyó el papel con la mejor cara de sorpresa que puede poner una persona que ya no se sorprende con nada. Luego de eso, fue al bar. Antes le rogó a la pelirroja de bote que le guardara sus “ajuares” –esta fue la palabra que Natalia utilizó- hasta el día siguiente, petición a la que accedió la vecina de mala gana, pero en fin.

El reloj marcó las nueve de la noche y Natalia tomó la última gota del tercer cortado. Se puso de pie y saludó con un gesto al camarero. De camino a la puerta tiró en el tacho de basura un papel prolijamente hecho un bollo tres minutos antes.Durante la próxima hora anduvo sin rumbo; lo malo del tiempo no es que pase, sino qué pasa con el tiempo y cuánto queda. Son las marcas las que importan, no los hechos; igual de inútiles que las horas.Decidió irse a la casa de Bernardo. Cruzó la calle y alcanzó a verlo asomado por la ventana. Tocó el timbre.

(de La Inutilidad de las Horas, novela de Gala de Marco)


Acerca de la autora:
La conocimos como Mariana o Marian, pero ahora es Gala, en honor a Gala, la musa de Dalí y los surrealistas.
Nuestra Gala (Marian), es una de las miembros más antiguas del grupo cruzagramas. Se vinculó a través del taller de creatividad literaria que se dio durante el 2005 en el Centro Cultural Ernesto Sábato de la Universidad de Buenos Aires.

Si alguien me pidiera describir a Marian (para mi sigue siendo Marian, aunque ustedes deberán llamarla Gala porque ese es su deseo), podría decir que:

1) es indescriptible
pero 2) es una niña genio. Una especie de embutido de genialidades dentro de un envase joven. Escribe muy bien, dibuja, hace fotografía creativa. Pero no sólo es una artista integra; también es una gran filósofa y una especie de aprendedora de las cosas que se le cruzan en el camino. Además, a veces es buena.
aunque 3) para conocerla realmente, como a los demás escritores del grupo cruzagramas, la recomendación insana pero fuerte, es leerla en su blog: http://galademarco.blogspot.com/

Este texto es un capítulo de su novela La Inutilidad de las Horas, que cuando la autora los proponga, y una buena editorial lo disponga, estará en las librerías para su degustación en papel.

Postdata: el dibujo que ilustra el texto, está hecho a plumín por la mano de la autora.


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