Gabriel García Márquez: La poesía, al alcance de los niños

EL PAÍS - Opinión - 27-01-1981

Un maestro de literatura le advirtió el año pasado a la hija menor de un gran amigo mío que su examen final versaría sobre "Cien años de soledad". La chica se asustó, con toda la razón, no sólo porque no había leído el libro, sino porque estaba pendiente de otras materias más graves. Por fortuna, su padre tiene una formación literaria muy seria y un instinto poético como pocos, y la sometió a una preparación tan intensa que, sin duda, llegó al examen mejor armada que su maestro. Sin embargo, éste le hizo una pregunta imprevista: ¿qué significa la letra al revés en el título de Cien años de soledad? Se refería a la edición de Buenos Aires, cuya portada fue hecha por el pintor Vicente Rojo con una letra invertida, porque así se lo indicó su absoluta y soberana inspiración. La chica, por supuesto, no supo qué contestar. Vicente Rojo me dijo cuando se lo conté que tampoco él lo hubiera sabido.
Ese mismo año, mi hijo Gonzalo tuvo que contestar un cuestionario de literatura elaborado en Londres para un examen de admisión. Una de las preguntas pretendía establecer cuál era el símbolo del gallo en El coronel no tiene quien le escriba. Gonzalo, que conoce muy bien el estilo de su casa, no pudo resistir la tentación de tomarle el pelo a aquel sabio remoto, y contestó: «Es el gallo de los huevos de oro». Más tarde supimos que quien obtuvo la mejor nota fue el alumno que contestó, como se lo había enseñado el maestro, que el gallo del coronel era el símbolo de la fuerza popular reprimida. Cuando lo supe me alegré una vez más de mi buena estrella política, pues el final que yo había pensado para ese libro, y que cambié a última hora, era que el coronel le torciera el pescuezo al gallo e hiciera con él una sopa de protesta.
Desde hace años colecciono estas perlas con que los malos maestros de literatura pervierten a los niños.
Conozco uno de muy buena fe para quien la abuela desalmada, gorda y voraz, que explota a la cándida Eréndira para cobrarse una deuda es el símbolo del capitalismo insaciable.
Un maestro católico enseñaba que la subida al cielo de Remedios la Bella era una transposición poética de la ascensión en cuerpo y alma de la virgen María.
Otro dictó una clase completa sobre Herbert, un personaje de algún cuento mío que le resuelve problemas a todo el mundo y reparte dinero a manos llenas. «Es una hermosa metáfora de Dios», dijo el maestro.
Dos críticos de Barcelona me sorprendieron con el descubrimiento de que "El otoño del patriarca" tenía la misma estructura del tercer concierto de piano de Bela Bartok. Esto me causó una gran alegría por la admiración que le tengo a Bela Bartok, y en especial a ese concierto, pero todavía no he podido entender las analogías de aquellos dos, críticos.
Un profesor de literatura de la Escuela de Letras de La Habana destinaba muchas horas al análisis de Cien años de soledad y llegaba a la conclusión - halagadora y deprimente al mismo tiempo- de que no ofrecía ninguna solución. Lo cual terminó de convencerme de que la manía interpretativa termina por ser a la larga una nueva forma de ficción que a veces encalla en el disparate.
Debo ser un lector muy ingenuo, porque nunca he pensado que los novelistas quieran decir más de lo que dicen. Cuando Franz Kafka dice que Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no me parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que me ha intrigado siempre es qué clase de animal pudo haber sido. Creo que hubo en realidad un tiempo en que las alfombras volaban y había genios prisioneros dentro de las botellas. Creo que la burra de Ballam habló -como lo dice la Biblia- y lo único lamentable es que no se hubiera grabado su voz, y creo que Josué derribó las murallas de Jericó con el poder de sus trompetas, y lo único lamentable es que nadie hubiera transcrito su música de demolición. Creo, en fin, que el licenciado Vidriera -de Cervantes- era en realidad de vidrio, como él lo creía en su locura, y creo de veras en la jubilosa verdad de que Gargantúa se orinaba a torrentes sobre las catedrales de París. Más aún: creo que otros prodigios similares siguen ocurriendo, y que si no los vemos es en gran parte porque nos lo impide el racionalismo oscurantista que nos inculcaron los malos profesores de literatura.
Tengo un gran respeto, y sobre todo un gran cariño, por el oficio de maestro, y por eso me duele que ellos también sean víctimas de un sistema de enseñanza que los induce a decir tonterías.
Uno de mis seres inolvidables es la maestra que me enseñó a leer a los cinco años. Era una muchacha bella y sabia que no pretendía saber más de lo que podía, y era además tan joven que con el tiempo ha terminado por ser menor que yo. Fue ella quien nos leía en clase los primeros poemas que me pudrieron el seso para siempre.
Recuerdo con la misma gratitud al profesor de literatura del bachillerato, un hombre modesto y prudente que nos llevaba por el laberinto de los buenos libros sin interpretaciones rebuscadas. Este método nos permitía a sus alumnos una participación más personal y libre en el prodigio de la poesía. En síntesis, un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas. Cualquier otra pretensión no sirve para nada más que para asustar a los niños. Creo yo, aquí en la trastienda.
(enviado por Nati Brandi a cruzagramas)

Comentarios

Madame Guignol dijo…
Totalmente de acuerdo con García Márquez.

Conozco bien ese perderse en interpretaciones y prejuicios del autor. Y he comprobado numerosas veces, que interpretar más allá de lo que dice el propio relato, a veces nos lleva a la apatía y no saborear la ficción como lo que es: un mundo propio e intenso.

Gracias por rescatar tan bellas y sabias palabras.

Un abrazo.
Gracias Nati por encontrar y mandarnos estas joyitas...
Graciela dijo…
Excelente artículo. Me sumo a cada uno de sus palabras. ¡Cuánta gente pasó y pasa por la vida de los otros pretendiendo imponer la obligación de interpretar lo que tan sólo debe sentirse?!Nuestra interioridad y el texto, únicos eslabones posibles para el disfrute.
Gracias por subir estos textos gente.
Gracie
ade dijo…
- El arte es sensible, es bello, cuando intentamos interpretarlo nos perdemos la mejor parte. Gracias a cruzagramas por publicar tan interesantes notas. Ade
Coni Salgado dijo…
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Diego M dijo…
Como dijo Sebas, una joyita!!!
Es que el ser humano tiene esa manía rebuscada de querer sacar más información de lo que se lee. O es que tienen tanto tiempo de sobra, que no saben que vuelta más agregarle al asunto...
Gracias Natibé! (y gracias Gabo!) :-)
Claudio S. dijo…
¡Ay, Gabriel! Me costó tanto llegar a comprender que las cosas se pueden (y se deben) disfrutar tal como son. Y pese a la gran caterba de "interpretadores" que te dejaban creyendo que no habías entendido nada, disfruté de tus obras y de muchas de las de tus colegas.
Gracias Gabo por tus palabras. Me llegaron con retraso, pero no tarde.
Gracias Nati, por ser la mensajera.
Anónimo dijo…
Leí este artículo hace años y quería encontrarlo, gracias a esta página lo encontré.

Muy agradecido por subirlo.

Guillermo.